Texto por Pau González y José Carlos Toral
Fotografía Pau González

“Trabajo dos horas diarias con mis compañeros en jardinería, gano 12 euros. Llega el viernes y tengo 60 euros, con eso, si me la llevo bien puedo llegar a fin de mes, pero como me pique un pico (consumo inyectado) ya la he cagado. Como me meta un pico, empieza uno detrás de otro y me quedo sin dinero”. Cuenta Pedro, uno de los doce usuarios que forma parte del programa Engánchate al trabajo (Enganxat al treball, nombre original en catalán) para consumidores activos de droga.

Un mapa del barrio de Sant Roque cuelga en las paredes de la asociación de vecinos.

Los integrantes del programa, llegan cada mañana a la Asociación de vecinos de San Roque. Se ponen los chalecos, cogen sus herramientas de trabajo (palas, escobas, recogedores) y salen. Principalmente hacen trabajo de jardinería y mantenimiento en los espacios públicos del barrio, siempre acompañados por Silvia Bayarri, monitora del programa.

En 2006, la Asociación de intervención comunitaria en drogas (Asaupam) puso en marcha el programa Engánchate al trabajo, cuyo objetivo es promover la autonomía de los y las participantes, así como su inclusión social y laboral. El programa trabaja desde una perspectiva comunitaria; busca combatir el estigma negativo y criminalizante que existe hacia personas usuarias de drogas, que persiste en una buena parte de la sociedad. Pedro, con ya más de cincuenta años, de baja estatura y complexión delgada, habla sobre esta discriminación. “Nos tratan como nada, te ven y se apartan de ti. Por fuera nos vemos todos sucios, pero tú no sabes lo que hay dentro de mi. La gente nada más ve lo de fuera, no ven el corazón de la persona y lo que necesita”.

Por la mañana Eva espera a que lleguen sus compañeros a la asociación de Vecinos del barrio.

En el programa se divide a los integrantes en dos grupos, una semana se trabaja y la siguiente se descansa, los viernes se paga a cada integrante 60 euros. Para formar parte de Engánchate, los requisitos son: ser consumidor activo de drogas, no faltar, ser puntual y no presentarse a trabajar colocado. Además de su labor diaria de limpieza y mantenimiento, los miércoles asisten a una Cibercaixa dentro del barrio. En este espacio utilizan ordenadores y trabajan sobre su plan individual, que cada quien ha desarrollado con la ayuda de Esther Estalló, coordinadora del programa.

 

El barrio de Engánchate

Pedro nació a finales de los sesenta en el mítico Campo de la Bota. Se crió aquí, hasta los 5 años, cuando su familia decidió mudarse a San Roque. No fue un hecho aislado, pues las intervenciones urbanas y el deterioro por el abandono de barrios como la Bota o Can Tunis, expulsó paulatinamente a sus habitantes, quienes marcharon a otras periferias, como San Roque. Actualmente este barrio cuenta con más de 13 mil 500 habitantes.

Antes de salir a trabajar, mientras otros se preparan, algunos de los integrantes ven videos en el móvil.

“Era un conjunto de personas que no tenían ninguna relación”, asegura el educador Juan Jesús Guerrero, con 40 años de trabajo en el barrio. Sin una convivencia previa ni preparación, llegaron a un lugar alejado del centro, sin la infraestructura educativa y sanitaria resuelta. El abandono de las autoridades repercutió en la extrema degradación de barrios periféricos y es durante los años setenta que emergen drogas como la heroína en lugares como San Roque. Con las dificultades económicas, algunos pobladores se sumaron a la venta y distribución como otra forma de ganarse la vida, mientras el consumo hizo estragos entre los jóvenes.

Pedro, junto a sus colegas, recorre las calles de su barrio. Hoy un vecino se detiene a saludarlo, se conocen desde que eran muy pequeños. Mucho tiempo ha pasado desde que jugaban en las calles de San Roque, ahora Pedro tiene una el la que la adicción tiene un papel muy importante: “Utilizo mucho la droga para esconderme. Tengo algún problema o algo y voy a pillar, a drogarme para quitarme ese rollo. Es un escudo (la droga) que por un lado te destroza y por el otro te hace creer que estás bien protegido, pero qué va”, reflexiona Pedro.

Dentro de sus labores está recolección de basura y trabajos de jardinería y mantenimiento.

Las y los integrantes, son en su mayoría adictos a la heroína o a la cocaína, sin embargo, “suelen tener un policonsumo, aunque están más enganchados a una sustancia, consumen diversas” explica Esther Estalló. Los usuarios de Engánchate oscilan entre los 40 y 60 años de edad y la mayoría reconoce haber empezado a utilizar drogas a muy temprana edad. El inicio de su adicción corresponde a la época en la que España vivió el momento más crudo de consumo, en las décadas de los ochenta y noventa, siendo 1991 el año con mayor número de muertes por sobredosis.

En 1991 Eva, la única mujer ahora en el programa, tenía 14 años y uno de utilizar drogas “Consumía de todo, todo, todo”. En aquel entonces vivía en Tenerife, de donde es originaria. Hace once años llegó a Barcelona, aunque confiesa que San Roque no le gusta “me parece deprimente, me gusta más Badalona pero acá tengo un piso y no quiero regresar a vivir en la calle” afirma.

 

Resistiendo a un financiamiento irregular

En un bote especial y con pinzas, recolectan jeringuillas usadas que encuentran en las calles del barrio.

Una evaluación externa de Engánchate al trabajo, elaborada por la Fundación Pere Tarrés, señala como uno de los puntos críticos es la falta de continuidad en el financiamiento, “que obliga a sus responsables a dedicar muchos esfuerzos y provoca fuerte inseguridad tanto entre los profesionales como entre las propias personas usuarias”. Las subvenciones, no se reciben a tiempo, aunque ya hayan sido autorizadas por el gobierno de Catalunya. Asaupam tiene que gestionar los recursos con cada nuevo gobierno, algunos con sensibilidad hacia el tema y otros con menos interés en las personas que consumen drogas. Ante esto, Estalló, coordinadora del programa, afirma que las donaciones privadas ayudan a salir al paso, pero no dan la estabilidad que necesitan: “Yo he ido solicitando, he ido a aplicar de forma privada a sitios y puntualmente te dan algo, pero para aguantar todo el año es complejo”.

La semana que no trabajan no cobran. Si el programa tuviera más recursos, Esther afirma que “intentaría hacer una prueba durante un mes en el que pudiesen trabajar las cuatro semanas en vez de dos”. Hay integrantes que asisten todos los días, aunque cobran una semana y la otra no. Los días que trabajan sin paga son aquellos en los que cumplen medidas alternativas. Esto sucede cuando por determinados delitos un juez puede asigna horas de servicio comunitario en vez de cumplir tiempo en prisión, Enganxat es uno de los lugares a los que un usuario en esta situación puede recurrir. Actualmente son tres los individuos cumpliendo medidas alternativas en el programa.

Uno de los trabajos más frecuentes es quitar la hierba que ha crecido en los espacios públicos.
En un momento de ocio, algunos de los integrantes comparan la longitud de la uña del dedo meñique, usualmente utilizada para consumir algunas drogas en polvo.

Los miércoles de la semana que el grupo descansa, sus integrantes deben asistir al taller en la CiberCaixa, si no asistes pierdes el derecho de trabajar la semana entrante. Esta medida sirve para tener un seguimiento de los usuarios sin que se ausenten una semana entera y así hacer que mantengan una constancia.

Toni, también integrante de Engánchate, es vecino de San Roque de toda la vida, afirma conocer el barrio “mejor que la palma de» su «mano”. Es uno de los veteranos del programa, lleva más de seis años aquí. En las épocas más difíciles se ha encontrado en una situación similar en la que están algunos de sus compañeros “Me he pasado muchos, pero muchos años viviendo en la calle”. Sin embargo, en los últimos años Toni ha logrado controlar su consumo, lo que le ayuda a llevar una vida más estable. Esther Estalló, reconoce que no cuentan con los recursos necesarios para implementar una estrategia de normalización laboral para aquellas usuarias y usuarios que estén preparados para ese siguiente paso “me gustaría que por ejemplo Toni, pudiera dejar el programa y obtener un trabajo con más responsabilidades” comenta. A pesar de las limitaciones, Estalló continúa buscando la forma de impulsar la normalización del trabajo mediante la coordinación con otras entidades.

 

La importancia de Engánchate

D. viene los miércoles a la CiberCaixa para utilizar los ordenadores, en los que puede hacer trámites y búsquedas.

Otro a quien el programa le ha apoyado, es a Carlos (a quien le llamaremos así pues prefiere permanecer anónimo). Carlos tramitó con ayuda de Esther la solicitud para realizar un ingreso y desintoxicarse en el Hospital Sant Pau de Barcelona. Estos días espera la llamada del centro, pues en el momento que tengan una plaza disponible, se comunicarán con él y podrá dar un primer paso para tratar su adicción a la cocaína bajo supervisión durante casi dos semanas y quizá así Carlos podrá iniciar el difícil camino a un futuro sobrio.

Peter, otro de los integrante, explica “Llevo aquí ya 3 años. Salí de tirarme una campaña muy larga en la cárcel y este es el único sitio en el que me han recibido”. De sus 48 años, 24 los ha pasado en prisión, la mitad de su vida. “Soy muy nervioso, no me gusta salir a la calle, estoy siempre en mi cuarto; en realidad salgo cuando tengo que hacer algún trámite y para venir al Engánchate”.

Miembros del equipo que hoy no trabaja, se han passado por la CiberCaixa para ver a sus compañeros.

En el grupo de Peter está Román, es apuesto y va siempre aseado. Hoy está contento pues ha obtenido la confirmación de que recibirá pronto una ayuda estatal y tendrá una suma importante de dinero con la cual podrá alquilar una habitación en el piso de Toni. Ha sido un buen mes para él, la semana pasada recibió los resultados de las pruebas de VIH y Hepatitis C, en ambas salió negativo y con una enorme sonrisa comentó: “¿Lo puedes creer? Más de dos décadas pinchándome y salí bien en los resultados. Antes tenía Hepatitis C pero por lo visto ya no”. Esther está muy contenta de el progreso de Román “si lo hubieras visto hace un año no lo reconocerías”. No obstante explica que la posibilidad de una recaída siempre está presente en todos los que han conseguido cierta estabilidad.

El Plan de Acción sobre Drogas de Barcelona para los años 2016 a 2020 señala que estadísticamente existe una correlación entre barrios con un alto consumo problemático de drogas y variables socioeconómicas como los bajos ingresos, el desempleo y el bajo nivel de estudios. Por ello, el documento reconoce que además de trabajar en la prevención, especialmente entre jóvenes, y la atención para consumidores, es necesario acotar la desigualdad.

El prohibicionismo frente a los narcóticos, paradójicamente, “ha contribuido al aumento en las tasas de consumo de drogas, violencia y encarcelamiento, y al aumento de la transmisión del VIH”, advierte un estudio de Open Society sobre las políticas de drogas en Cataluña.

En España, el consumo de drogas, especialmente la heroína, tuvo su momento crítico a principios de los noventa, cuando hasta 25 mil personas murieron por sobredosis, dice Òscar Parés en el estudio citado. Comenzó entonces un cambio de enfoque para dejar atrás una política centrada en la abstinencia y la represión legal, para asumir una política de reducción de daños, atendiendo con educación y espacios especializados los riesgos de transmisión de enfermedades, sobredosis y los efectos negativos en la comunidad. El cambio de paradigma consiguió que para finales de los noventa, las muertes por sobredosis bajaran un 83 por ciento en Barcelona.

A los 48 años de edad, P. ha pasado 24 en prisión. En su libertad, cuenta que no le gusta salir de su habitación, lo hace solo para hacer trámites y asistir al programa.

*Algunas de las personas que aparecen en el texto han preferido mantenerse anónimas