Se podría decir que Juan Tomás Ávila Laurel y Roland Fosso son dos caras de una misma moneda. Hay muchas razones por las que se asemejan. Los dos vienen del centro de África: el primero de Guinea Ecuatorial, la única ex colonia Ibérica en África que sigue hablando el Español, y el segundo de Camerún, ex colonia compartida por Francia e Inglaterra. Ambos escriben. Juan lleva mucho más terreno que Roland en la literatura, no solo por la diferencia de edad, sino porquetuvo que dedicarse a ello. A Roland, en cambio, la experiencia personal le ha llevado al campo literario. Escriben sobre migración, injusticia social, opresión, la implicación occidental en los intereses de África o las dictaduras.

Juan Tomás Ávila Laurel es escritor, viene de Guinea Ecuatorial y vive en Valldoreix. Escribe novelas y ensayos centrados en la problemática de su país y de la dictadura Ecuatoguineana. Valldoreix. Fotografía de Luay Albasha

 

Sus fotos encajan casi como un solo rostro y sus preferencias también. Les gusta el futbol –y hasta comparten club, el Real Madrid– y prefieren vivir alejados del ajetreo de la ciudad condal.Juan vive en Valldoreix, una pequeña urbanización detrás de la sierra de Collserola, en una casa grande y rústica de dos pisos y jardín. En el primer piso vivenlos padres de su novia, catalana, y en el segundo viven ellos. Todo está lleno de libros, figuras talladas de madrera y recuerdos enmarcados en fotografías. Roland vive en Sant Boi, en un barrio humilde de edificios colmena y parques de asfalto y arena. Supo casi desde el primer momento que pisó Barcelona que ese iba a ser su lugar aquí. Vive en un piso de alquiler junto con su mujer, que espera un bebé al que llamarán Marc, y su primo Martial. En el comedor, un sofá y una tele hacen compañía a algunos cuadros impersonales de estilo Ikea, quizás algunos incluso ya estaban en el piso, que se mezclan con las reliquias que trajo desde Camerún la única vez que pudo volver.

Roland Fosso viene de Camerún, las experiencias que vivió en el trayecto desde su país hasta la valla de Melilla le ha llevado a escribir la historia de su viaje y después de su primer libro le gustaría dedicarse completamente a la escritura. Sant Boi. Fotografía de Luay Albasha

 

Ambos han tenido una vida dura. Se han ido de su país, han sufrido para llegar hasta España y han escrito sobre ello, hasta tal punto que la literatura ha sido la vía de escape de todo ese dolor y recuerdos, un desahogo necesario para expresar todo lo que guardan en sus pensamientos. Aunque aparentemente compartan muchas cosas, cuando te sientas con ellos te das cuenta de que no son para nada dos caras de una misma moneda, sino más bien polos opuestos.

Juan lee parte de su libro «El juramento del Gurugú» mientras el público escucha. Juan Tomás es invitado por la asociación Albor para que lea su último libro «El juramento del Gurugu» junto con otros dos escritores Pablo Martín Sanchez y Valeria Correa Fiz en el local Pipa Social Club. Barcelona – Calle de Santa Eulalia Nº 21

 

Quedé con ellos la tarde de un lunes lluvioso en la Cafetería del Ateneu Barcelonés, una asociación con más de 150 años de historia dedicada justamente a promover la escritura y el más importante centro de debate intelectual de Cataluña. Roland había llegado antes que yo, estaba echando currículums por Barcelona. Antes trabajaba en el aeropuerto del Prat como controlador de pasaportes y facturación, pero en diciembre se le terminó el contrato. Juan llegó a la hora fijada, siempre puntual. Cuando le he visto alguna otra vez, basta con decirle por Facebook lugar y hora. Juan no trabaja, gana de los libros que vende en el extranjero, de eventos a los que asiste y de escribir sobre la dictadura de su país en Fronterad, una revista digital. En ese mismo edificio están las oficinas del PEN Catalá, la asociación de escritores que tiene un programa dedicado exclusivamente a los escritores perseguidos, así que también invité a la directora del programa, Raffaella, a la charla, ya que fue ella quién me presentó a ambos. Al llegar a la cafetería, todos pedimos café con leche, excepto Roland, que pide un tercio. Me centro en mi café y dejo que sean ellos quién empiecen.. Juan siempre es el que rompe el hielo. Su voz es grave pero absorbente, mide muy bien las palabras y es claro como el agua. Transmite veracidad, aunque no estés de acuerdo con él. En seguida se centra en su país, Guinea, y explica como la dictadura de Obiang con toda la corrupción, la mala gestión económica, las represalias y la censura ha autoconvencido a los propios guineanos de que no son nada y sobre todo que los extranjeros negros que vienen de fuera son menos que los los ecuatos (desiganción racista hacia los guineanos). Nunca se corta: “Desde que nos metimos en la dictadura, la gente se vio afectada de cómo perseguían a los ciudadanos. De hecho, si se expulsó a los nigerianos fue porque se creía que en el futuro serían un peligro para su poder [el de Obiang]. A partir de ese momento, empezamos a percibir a los extranjeros influenciados por esa idea.” No culpa a la población, sino al poder. Lo mismo sufrieron los guineanos en los años 80  cuando emigraron a Gabón tras la terrible opresión sufrida por el tío de Obiang, Masie Nguema, su ,que fue asesinado por lacayos suyos tras un golpe de estado producido por Teodoro. Juan también culpa de este racismo a los europeos y su influencia imperialista en todo los países subdesarrollados, ya que tras la descolonización (España, en el caso de Guinea) se encargaron de implantar temibles dictaduras que perduran hasta hoy.

Roland Fosso siempre pensó que la mejor forma de ser feliz en un país que no es el tuyo es integrarse, aprender el idioma y relacionarse con la gente local. Se unió a los «Gegants de Sant Boi» , aprendió hablar español y catalán y participó en muchos eventos del pueblo. Hoy en día toda Sant Boi le conoce por ser el Baltasar del pueblo. Sant Boi – Carrer Baldiri Aleu.

 

Juan es un tipo activo en las redes y aparentemente muy sociable, con casi 1500 seguidores en Facebook, pero a la hora de la verdad pasa la mayor parte del tiempo solo escribiendo. Juan Tomás Ávila Laurel tiene 51 años, nació en Malabo (Guinea Ecuatorial), estudió medicina y se involucró en el Centro Cultural Español de Malabo para impulsar la cultura y desarrollar la literatura ecuatoguineana. Viendo la precaria situación de su país, bajo el control opresivo del dictador más longevo de África, Teodoro Obiang, vio en la escritura una fórmula para la denuncia y el cambio social. Sintió la obligación de escribir, de luchar contra el régimen y educar a su gente. Las dictaduras se sustentan a partir de un control feroz y opresivo de la población, creando una figura del lider casi similar a la de un dios, realzando el nacionalismo por encima de todo. Eso mismo es lo que pasaen Guinea Ecuatorial y cualquier oposición a ello es barrida y aplastada. Algo que sufrieron muchos activistas y compañeros de Juan Tomás.

Juan Tomás sale del Ateneu Llibertari al acabar el acto. Este evento se ha organizado junto con la escritora ecuatoguineana de origen Remei Sipi donde dan una charla sobre la situación ecuatoguineana actual y sobre la situación de Ramón Esono Ebalé con el fin de dar a conocer el comic y venderlo para poder costearle la prisión. Barcelona – Carrer de la Alzina.

 

La Primaver Árabe y la visita exclusiva del político socialista José Bono a su querido compañero Teodoro Obiang hizo que Juan Tomás realizase una huelga de hambre en la capital de la ciudad, con la esperanza no solo de promover una “Primavera Ecuatoguineana” sino también de llamar la atención de los medios nacionales e internacionales para dar a conocer la situación de su país. Tras 72 horas de huelga y algún que otro foco mediático decidió viajar a España exiliado. No obstante, Juan se dio cuenta de que la sociedad ecuatoguineana ya había sido silenciada hasta tal punto que nadie se levantó en apoyo por su causa más allá de algunas personas cercanas y otros activistas que apoyaron su causa.

Roland Fosso fue de los pocos que saltaron la valla con éxito. Las cicatrices de las manos son cortes causados por las concertinas de la valla. Sant Boi – Camps Blancs

 

Esta decisión la tomó un 11 de febrero de 2011, pero lo que él no sabía era el gran cambió que venía por delante. El avión salía desde Malabo y aterrizaba en Barcelona.Ahí conocería al PEN Catalá, una plataforma encargada de fomentar la cooperación intelectual entre escritores y darse a conocer entre distintos países que también tiene un programa especial para escritores perseguidos. La entidad se percató de su situación y se puso en contacto con él. Una vez en España, Juan se centró completamente en la literatura y en intentar luchar contra el régimen desde España, por lo tanto, sabe mucho no solo de los conflictos de su país sino de toda África. Entiende la sociedad ecuatoguineana mejor que cualquiera y sabe que España es gran parte responsable de que Obiang siga en el poder. Ha escrito muchos artículos en su blog de Fronterad criticando la buena relación de la península con Teodoro Obiang y sobre el gran beneficio que España adquiere de la materia prima más importante de Guinea Ecuatorial: el petroleo. España cambió su postura diplomática tras enterarse de que el dictador era un tipo benevolente con las exportaciones petrolíferas. En 2015 importó mercancías de Guinea Ecuatorial por valor de 1.466 millones de euros, el 90% eran hidrocarburos. Estos datos son importantes por el siguiente tema que Juan expone al hablar de España. “Hace más de 60 años que los guineanos ya tenían vínculo con España[…] Debería haber guineanos en puntos importantes de la vida social de España, pero no hay ninguno […] En el momento que tu sabes que en Melilla hay una valla que para a los negros, piensas ¿Cómo es posible que hubiera habido aquí tanto contacto con negros y que no hubiera ni un solo negro en un punto destacado de la realidad española?”. A Juan no le agrada del todo el gobierno español y cree que la sociedad española es racista porque no actúa ante estas acciones opresivas. Eso explica en parte la desconexión que él tiene con la mayoría de esta sociedad y que, por otro lado, Roland no entendía. Él defiende la necesidad de integrarse en la sociedad española y catalana, aprender el idioma e intentar salir adelante. Roland recuerda lo importante y valioso que era su deseo: Llegar a España y ganarse la vida.

Juan Tomás sabe que España es un lugar de tránsito, su objetivo es poder volver a Guinea libre y por supuesto ser partícipe de ello. A pesar de todo, él es feliz en Valldoreix y le gusta estar en un pueblo tranquilo para poder escribir tranquilamente. Valldoreix – Avinguda de Villadelprat.

Porque Roland tiene motivos para agradecer la hospitalidad que recibió al llegar. Roland Fosso tiene 32 años, nació en Bamenda (Camerún), en una familia acomodada de empresarios. La muerte de su madre y mala relación con su padre le llevó a emprender el viaje más difícil de su vida. Alcanzar España. En ese momento, pensaba que no sería tan complicado llegar hasta la península, pero no fue así. 2 años, 7 meses y 18 días fue el tiempo que tardó Roland en saltar la última valla dejando recuerdos tan crueles como la muerte de 15 compañeros de viaje en el cementerio del Sahara por golpes de calor, inanición o picaduras mortales; ejecuciones por parte de saharauis y traficantes de esclavos; más de seis meses secuestrado y trabajar esclavizado para unos tuaregs y otras muchas experiencias que ha ido dejando en los 12 países por los que caminó antes de llegar a España. Sin documentos, sin tarjeta de identidad, sin nada, el día que llegó a España, tras 4 intentos fallidos de saltar la valla y varias cicatrices causadas por las concertinas, tenía lo que llevaba puesto y una agenda donde guardaba los números de sus familiares. Al llegar a Barcelona, no tuvo más remedio que vivir debajo del puente de Bac de Roda, un lugar donde inmigrantes, pobres y drogadictos malvivían, consumían y se degradaban constantemente, lo que él llama “El Ghetto”. Un día, mientras hacía la comida para toda la gente del Ghetto, una paisana suyade nacionalidad española fue a hacerles una visita para conocer a Roland y otros cameruneses que vivían ahí. Al ver la situación tan precaria y repugnante en la que estaban, decidió acogerlo a él y otros en su casa de Sant Boi hasta que buscaran un trabajo que les permitiera vivir y pagarse un piso. Recuerda: “Nunca me olvidaré de ese día. Cogimos el autobús 72 desde Plaza España hasta Sant Boi, fue el 8 de diciembre del 2005.” Su primer trabajo, un buen recuerdo según él ya que recibió su primer sueldo de ochenta euros, fue trabajando en “carga y descarga” pero el trabajo que le hizo perdurar fue en la obra, a pesar de que este no lo vea con buenos ojos. Ya afincado en Sant Boi, Roland quería aprender el idioma y lo consiguió gracias a dos cosas que para él fueron fundamentales: “el fútbol y los Gegants de Casablanca me arroparon y me dieron la oportunidad de empezar una nueva vida”. Comenzó a aprender el idioma, estudiar, leer y relacionarse en Sant Boi con la gente local del pueblo hasta llegar a ser nada menos que el Baltasar de Sant Boi. Cuando ya se sabía defender en español y catalán, estudió turismo.

Roland Fosso sí sabe que España es el lugar donde quiere estar. Vive en Sant Boi con su mujer y su primo Martial en un barrio humilde a las afueras del pueblo. Sant Boi – Camps Blancs

 

¿Y cuando decidió escribir La última frontera? “Realmente escribir me vino porque llegaba un momento en que yo explicaba mi historia a la gente y me daba cuenta de que he vuelto a explicar esta misma historia veinti-pico-mil veces y ya me cansaba[…] Y mi expareja me dijo que si escribía la historia la gente no me preguntaría más y leerían el libro.”  Así que lo hizo en inglés, porque Roland no podía expresar todo lo que vivió en su viaje en español y luego el ayuntamiento de Sant Boi se encargó de traducirlo y hacer hasta 2000 copias. Roland no se dio cuenta de la grave problemática de los africanos hasta después de escribir el libro: “Aún no entendía lo que era el aspecto inmigrante aquí en Europa, es ahora que ya lo tengo escrito [el libro]. Doy conferencias, charlas, y me voy dando cuenta de que esta historia sirve para dar a entender el problema.” A diferencia de Juan, Roland piensa que el problema no es que la sociedad española sea racista sino que desconocen el gran drama de los africanos que intentan saltar la valla, que son los medios y la desinformación los que han creado esta fobia en la sociedad española. Más de 27.000 inmigrantes llegaron a España el año 2017, cifra record, 5.473 saltaron la valla. Cada uno de ellos es una historia como la de Roland o quizás mucho peor, porque la gran mayoría no tienen la suerte que él ha tenido. Muchos nunca consiguen llegar a tener los papeles o tienen que esperar hasta tres años a tenerlos y deben apañarselas como pueden.

Juan sabe que escribir es un método para alcanzar la justicia de su país. Él es un escritor conocido no solo en Guinea Ecuatorial sino también en España, Inglaterra, Francia y Finlandia por lo tanto sus libros llegan a influir a sus lectores. Valldoreix – Carrer Sant Jaume.

 

Hablamos un buen rato o, mejor dicho, ellos hablaron y nosotros les escuchamos y pudimos ver claramente que Juan y Roland son completamente diferentes. Mientras uno ya era escritor, el otro se hizo a partir de la experiencia. Mientras uno huyó de la dictadura, el otro vino en busca de trabajo. Mientras uno vino en avión, el otro tardó más de dos años en llegar andando. Mientras uno escribe desde el exilio, el otro escribe en España. Ninguno de los dos tiene razón y ninguno de los dos está equivocado. Eso sí, comparten la escritura como una vía de escape para toda ese desahogo y a ambos les ayuda en este camino que les ha alejado de sus tierras.

Roland ha descubierto la necesidad de contar las historias de la gente no sabe o no quiere saber. «La última frontera» su primer libro le ha cambiado la vida al darse cuenta del impacto que puede dar hacia las personas. Ahora su objetivo es buscar trabajo y escribir en su tiempo libre. Sant Boi – Biblioteca Jordi Rubio i Balaguer

Más de 125 escritores han sido acogidos desde la creación del ICORN y el PEN Internacional desde 2006, pero tristemente la cifra de escritores que piden asilo es muchísimo mayor. Seguramente esos 125 son un grano de arena en el desierto, no obstante es una buena iniciativa por parte del PEN. Europa está sufriendo la peor crisis humanitaria desde la Gran Guerra y la UE y EEUU han tenido que ver con esta crisis, ya sea en Guinea Ecuatorial, en Irak o en Camerún. Existe un problema global que se puede ver reflejado en personas como Juan o Roland. A pesar de tener una vida aparentemente diferente, tienen historias que merecen ser contadas y expuestas al mundo entero, porque la historia de uno, es la historia de millones.

(Izq) El borrador del 1º libro de Roland Fosso «La última frontera». Primero lo escribió en inglés, luego su exnovia lo tradujo al español y por último el Ayuntambiento de Sant Boi se encargó de editar y publicar su libro. (Der) Estantería de la casa de Juan. A diferencia de Roland, Juan lleva mucho tiempo siendo escritor y para poder aprender e inspirarse para sus historias tiene que nutrir su mente con libros de otros autores.