Colectivo Zaura

A menos de dos kilómetros del centro de la ciudad de Amadiya, en el Kurdistan iraquí, permanecen los destrozos causados por artillería sobre una gasolinera el pasado miércoles 12 de junio. Éste, es el último ataque del estado turco en el norte de Iraq, en un momento donde ha escalado la tensión en la zona.

Para los habitantes de Amadiya, este reciente bombardeo ‘ha traspasado la línea roja’, ya que ha tenido lugar en una área donde habita la población civil. Ahmed (nombre falso), trabajador en un local situado a escasos metros de la gasolinera, fue testigo de los ataques y manifiesta su enfado ante la política invasiva de Tayyip Erdogan, que esta vez. le ha tocado de cerca. Desde hace años, las montañas que rodean a este pueblo de más de 10.000 habitantes, situado a 17 kilómetros de la frontera turca, son objeto de bombardeos. Al igual que otras zonas del norte de Iraq, especialmente en Qandil, región montañosa cerca de la frontera con Iran, que es la base logística de las HPG, guerrilla del PKK (Partido de Trabajadores del Kurdistan).

Con el objetivo de alcanzar al PKK, Turquía bombardea de forma continuada zonas rurales y pequeñas poblaciones, provocando daños en huertos, animales y también la muerte de civiles. Solo en el año 2018 murieron 36 personas según datos del Gobierno Regional del Kurdistan. Además, este conflicto ha causado el desplazamiento de centenares de personas que han abandonado sus hogares y tierras por miedo a los bombardeos.

Después de que la aviación turca causara la muerte de seis personas en el distrito de Amadiya el pasado mes de enero, se dio una manifestación de protesta, en la que se incendiaron dos tanques en la base militar que Turquía tiene cerca de esta población. Posteriormente, el 27 de mayo comenzó la Operación Garra en la región de Hakurk, con la que se intensificaron los ataques del ejército sobre distintas aldeas, utilizando artillería además de una intervención terrestre.

El ataque más reciente sucedió el día 12 de junio, afectando de nuevo a Amadiya, donde, según fuentes locales, se produjeron tres bombardeos. “Uno de los vehículos que perseguían era el de mi primo, pero logró escapar. Regresaba de las montañas con su coche, solo por eso ya pueden pensar que perteneces a la guerrilla” relata mirando los escombros Sabah, antiguo habitante del pueblo que hoy reside en Dinamarca y se encuentra visitando a su familia.

En este último ataque no hubo víctimas mortales, algo raro al tratarse de una área tan densamente poblada. Amediya se alza sobre una fortaleza, población que recibe numerosos visitantes en sus calles históricas y luminosas terrazas. Rodeada de montañas imponentes, es testigo de la guerra no declarada entre Turquía y el PKK. “Vivimos atemorizados. El problema es que ni el gobierno iraquí ni el gobierno regional del Kurdistan hacen algo respecto a los ataques. Priman los intereses comerciales con Turquía vinculados al petróleo”, afirma Sabah.

Desde que en 1984 el PKK se enfrentó al Estado Turco, más de 40000 personas han muerto, en su mayoría kurdas. Después de la ruptura del proceso de paz en 2015, los enfrentamientos se han intensificado, afectando sobretodo al sureste de Turquía, de mayoría poblacional kurda, y la región del Kurdistán en el norte de Iraq.