La obligaron a casarse a los 16 años y tuvo a su primera hija, Sabiha, a los 17. A comienzos de los 90, divorciada y con dos hijos que mantener, empezó su carrera política como miembro del consejo administrativo de HADEP, partido nacionalista kurdo en Turquía, y como presidenta del centro de mujeres del mismo en la ciudad de Konya.

Tumbada en una cama de su piso en Diyarbakir, Leyla se esfuerza por incorporarse y toma de la mano a su hija Sabiha, a quien regala una sonrisa. Leyla Güven, política y activista kurda, se encontraba en su 139º día de huelga de hambre, protesta iniciada a comienzos de noviembre de 2018 por el fin al aislamiento de Abdullah Ocalan, líder del PKK (Partido de los Trabajadores del Kurdistán), quien cumple cadena perpetua en la prisión de Imrali desde el año 1999.

“El gobierno turco ha intentando manipular la demanda de mi madre y hacerlo parecer una lucha por la libertad de Ocalan. No trata de la puesta en libertad de Ocalan, sino de la finalización de su aislamiento. No puede ver a su abogado ni a sus familiares”. Su hija Sabiha dice las palabras que a su madre le cuesta pronunciar.

Leyla Güven fue elegida diputada del Partido Democrático de los Pueblos (HDP) en el Parlamento Turco en las últimas elecciones presidenciales de junio del 2017. Mas llevaba en prisión desde enero de ese año, ya que se encontraba entre las más de 500 personas detenidas por declaraciones en contra de la operación militar turca en Afrin que supuso la expulsión del YPG, grupo considerado terrorista por Ankara. Leyla, también co-lider del Congreso para una Sociedad Democrática (DTK), plataforma de asociaciones kurdas que promueven el Confederalismo Democrático, se enfrentaba a 31 años de prisión por cargos de terrorismo e incitación al odio.

Varios diputados del HDP siguen en prisión, entre los que se encuentran Selahattin Demirtas y Figen Yüksekdag, anteriormente copresidentes del partido. Desde el pasado noviembre, más de 200 prisioneros de cárceles de toda Turquía unieron a la demanda de Leyla y declarado en huelga de hambre, cuatro han cometido suicidio en protesta al tratamiento a Ocalan. “Excepto Amestía Internacional, ninguna otra organización nos ha contactado o se ha manifestado sobre este tema.” Leyla ha enviado cartas al Comité Europeo para la prevención de la tortura (CPT) y al Parlamento Europeo explicando el propósito de su huelga de hambre indefinida, mas no ha obtenido respuesta.

Sabiha se enteró de la decisión de su madre junto a todos los demás. “Quería llevar a cabo la huelga sola, porque pensaba que podría conseguir más como diputada, y como diputada encarcelada”. El pasado 25 de enero, en el día 79 de su protesta, Leyla fue puesta en libertad tras el veredicto del Tribunal Penal de Diyarbakir. “Los medios pro gobierno intentaron hacer creer que con la puesta en libertad de mi madre la huelga de hambre se había terminado”. Leyla continuó su protesta junto a sus seres más queridos. Por más de 200 días solo se alimentó de agua, sal y vitaminas, y su salud se deterioraba cada día más.

La semana pasada, los abogados de Ocalan leyeron un comunicado que alentaba a que se terminaran las huelgas de hambre. Este domingo, tras una llamada telefónica con el líder del PKK, Leyla anunciaba que ponía fin a su protesta, afirmando que los manifestantes habían logrado su objetivo de terminar con el aislamiento de Ocalan, quien no había tenido acceso a un abogado en ocho años hasta principios de este mes. Ahora se ha permitido el acceso esporádico a miembros de la familia durante las vacaciones de Ramadán. A pesar de ello, Güven afirmó que los ya más de 3000 huelguistas continuarán la lucha activa para eliminar completamente el aislamiento del líder en la prisión de Imrali.

Debido a la poca diferencia de edad, Leyla y su hija siempre tuvieron una relación muy cercana. Sabiha fue testigo de todos los pasos en la vida política y activista de su madre. Cuando expresó su preocupación por la salud de Leyla, esta le recordó a Taybet Ana, asesinada durante el toque de queda en Silopi y cuyo cuerpo permaneció sin sepultar durante una semana, o a Cemile de Cizre, disparada por la policía. “Mi vida no es más valiosa que la de ellas” dijo.